El 13 de marzo, Reuters publicó el resultado de más de un año de investigación periodística: la confirmación del nombre del artista callejero más anónimo del mundo —Robin Gunningham, nacido en Bristol en 1973. El equipo de periodistas Simon Gardner, James Pearson y Blake Morrison lo encontraron donde nadie había buscado con suficiente paciencia: en los archivos judiciales de Nueva York, donde en septiembre del año 2000 un hombre firmó su declaración con su nombre real al ser detenido por vandalismo —había alterado una cartelera de Marc Jacobs en el techo del edificio de 675 Hudson Street, en el Meatpacking District. Pagó 310 dólares en multas, hizo cinco días de servicio comunitario y desapareció de los registros.
El periodista Gardner y su equipo rastrearon registros de viaje que situaron a un "David Jones" —el nombre que Gunningham adoptó legalmente después de 2008— cruzando la frontera ucraniana el mismo día y en el mismo punto que Banksy apareció pintando en Horenka, en las afueras de Kyiv. Gardner relató en una entrevista con NPR: "Ese mural, que muestra a un anciano frotándose la espalda en una bañera, estaba pintado en un edificio en ruinas a pocos kilómetros de donde yo había investigado la masacre de Bucha unos meses antes. Fue algo realmente surrealista para mí."
El manager Steve Lazarides confirmó haber organizado el cambio de nombre legal. "No existe ningún Robin Gunningham. El nombre que tienen lo maté hace años." El abogado Mark Stephens respondió que su cliente "no acepta que muchos de los detalles sean correctos" y que publicar la identidad lo pondría en peligro. La investigación también descartó la teoría de que Banksy era Robert Del Naja de Massive Attack: ambos estuvieron en Ucrania en 2022 juntos, no como uno solo.
Cuando tu nombre aparece en Wikipedia con nombre y apellido reales, ya no hay vuelta atrás. La enciclopedia libre lo establece desde el primer párrafo: "Banksy (nombre natal: Robin Gunningham) es un artista británico cuyo nombre legal, según el pasaporte que utilizó para entrar en Ucrania en 2022, es David Jones." El artículo en español acumula más de 28 millones de visitas. El secreto dejó de ser un secreto el día que Reuters publicó. Wikipedia solo lo volvió permanente.
La pregunta que queda, más que quién es Banksy, es por qué importa saberlo ahora. La respuesta no está en el arte. Está en el dinero.
¿Por qué hay interesados concretos en conocer su identidad? Las obras de Banksy generaron más de 248 millones de dólares en ventas secundarias desde 2015, según datos de ArtTactic. Su pieza más cara, Love Is In The Bin —el cuadro que se auto-destruyó con una trituradora oculta en el marco durante una subasta de Sotheby's en 2018— fue vendida nuevamente en 2021 por 25,3 millones de dólares, récord absoluto del artista. Antes de ese remate, el mismo cuadro había sido comprado por "un colector europeo anónimo" por apenas 1,3 millones. La trituradora no destruyó la obra: multiplicó su valor por veinte.
Pero el problema de fondo no es el precio. Es la autenticación. Pest Control, empresa creada en 2008 que actúa como único cuerpo oficial de certificación, tiene poder absoluto sobre qué es legítimo y qué no. Sin su certificado —un COA que viene partido al medio, como billete de lotería, acompañado de media nota falsa de diez libras con la cara de Diana— una obra de Banksy no puede venderse ni asegurarse en el mercado formal. Pest Control no da explicaciones cuando rechaza.
El coleccionista John Brandler, especializado en murales removidos de sus ubicaciones originales, enfrenta la misma negativa sistemática. Pest Control se niega a autenticarlos porque el artista dice que fueron creados para permanecer en esos lugares. Brandler lo califica abiertamente de "manipulación de mercado". El mercado secundario global de obras de Banksy acumula 248,8 millones de dólares desde 2015. Pest Control factura por su servicio de autenticación y su empresa matriz acumulaba activos netos de £5,7 millones en 2024.
Aquí está la clave: si Banksy tiene una identidad legal pública, los compradores podrían eventualmente acudir a él directamente en juicio, sin pasar por Pest Control. Casos similares —las demandas contra los comités de autenticación de Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat— llevaron a la disolución de esos comités. La anonimidad no es solo una postura artística. Es el escudo legal que protege todo el sistema.
Su abogado tiene razón en una cosa: parte del poder de la obra reside en el misterio. Reuters tiene razón en otra: alguien con 248 millones de dólares en juego merece cierta transparencia pública. El debate no cierra. Tal vez no deba cerrar.